Nuestro viaje a Costa Rica comenzó el 29 de marzo de 2004. Aquel lunes lluvioso nos dirigimos por la mañana al aeropuerto de Barajas para llegar a San José, tras una pequeña parada en Miami (EEUU). San José sería nuestro punto de partida de un viaje de tres semanas de duración en el que recorreríamos prácticamente todo el país con la ayuda de un todoterreno.
En San José tan sólo estuvimos un par de días, en los que recorrimos la ciudad, hicimos algunas compras y preparamos la partida.
La primera etapa del viaje tenía como destino Quepos y el Parque de Manuel Antonio. Este parque natural es delicioso. Junto a sus playas maravillosas puedes encontrar iguanas, monos aulladores e incluso perezosos.
Tras darnos un buen chapuzón en el magnífico Pacífico pusimos rumbo hacia el Norte con la mirada puesta en la península de Nicoya. Para llegar allí, teníamos que ir a Puntarenas y coger un ferry en el que también embarcaríamos el todoterreno.
Tras bajarnos del barco en Naranjo continuamos algunos kilómetros por carretera asfaltada hasta Malpaís, un lugar idílico. Y aquí donde se acaba el asfalto es donde realmente conoces el significado de su dicho más conocido: ¡Pura Vida!
¡Qué playas tan maravillosas, qué sitios tan bonitos! En lugares como San Miguel te enfrentabas al maravilloso Pacífico, a playas desiertas con un número interminable de kilómetros y a multitud de pequeños bichitos que te saludaban a tu paso.
Después de varios días en Malpaís decidimos emprender la ruta de nuevo. La etapa consistía en unos 50 kilómetros por la orilla de la playa aprovechando que la marea estaba baja. Así fue cómo llegamos a Tamarindo, para después alcanzar el Parque de Nacional de Guanacaste y la frontera con Nicaragua. Una vez allí comenzamos la ruta de los volcanes con el Rincón de la Vieja y sobre todo con el Arenal y el Poás. El primero, en plena actividad, escupía rocas enormes que rodaban ladera abajo incadescentes. El segundo con un azul vedosos emanaba todavía gases prácticamente irrespirables.
Y de ahí a otro Parque Nacional, el de Tortuguero. Como si se tratara de una Venecia en plena selva, con canales que albergaban a multitud de caimanes en sus aguas... Y de nuevo de camino de las playas, aunque en esta ocasión a las del Caribe con paradas en Puerto Limón, Cahuita, etc
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