Entre el 1 y el 17 de julio de 2009 estuvimos recorriendo India. Durante nuestro viaje visitamos Delhi, Hudeel, Bikaner, Jaisalmer, Jodhpur, Udaipur, Pushkar, Jaipur, Agra, Khajurajo y Vanarasi.
Dado que este país es enorme y que en poco más de dos semanas no nos daba tiempo a ver toda la India nos decidimos por la parte norte, aquello que llaman el triángulo de oro y que se sitúa principalmente en la región del Rajastán.
El viaje lo realizamos de la mano de India's Invitation, una pequeña agencia con un trato personalizado, una buena relación calidad-precio y un interés constante en cuidar a los viajeros y en mostrar la India real.
Delhi, la capital, fue el punto de partida de nuestro viaje para luego continuar hacia el oeste. En Hudeel nos alojamos una noche para conocer cómo es la India rural y real. En este pequeño pueblo, en el que celebramos nuestra boda según el rito hindú, los niños de la zona nos dieron una lección, demostrándonos que se puede ser feliz en la vida con sólo unas pocas cosas.
Tras la experiencia de Hudeel, continuamos hacia el oeste en dirección a Pakistán, para llegar a Bikaner, ciudad en la que se puede dormir en el palacio de un marajá y visitar el templo Karni Mata, al que los indios peregrinan sólo para adorar a las ratas.
Una de las etapas clave para conocer la región del Rajastán es Jaisalmer. Dar un paseo por el fuerte de esta ciudad con todo lo que ello implica -decenas de comercios, animales descansando en la calle, multitud de olores- es una experiencia única. Otra experiencia difícil de olvidar fue el paseo en los camellos dromedarios para ver el atardecer en el desierto del Thar.
Tras Jaisalmer nos dirigimos hacia Jodhpur, la famosa y eterna ciudad azul, cuyo fuerte y muralla son una auténtica vuelta a los tiempos de Las Mil y una Noche. De Jodhpur destacamos el Fuerte de Meherangarh y el cenotafio de Jaswant Thada, así como las decenas de tiendas que hay en el centro de la ciudad, en las que se puede comprar ropa, inciensos e infusiones.
El siguiente recorrido de nuestro camino fue Ranakpur, donde visitamos uno de los templos jainistas más bellos del mundo, para después continuar hacia Udaipur, una maravillosa ciudad que debe su esplendor a los palacios construidos en mitad del lago. Unos palacios que incluso conquistaron a Hollywood en películas como Octopussy.
Tras Udaipur, descubrimos la realidad de la pobreza en Pushkar, la única ciudad con templo de Brahma. Y de ahí a Jaipur, donde a lomos de un elefante recorrimos el palacio de los Vientos, símbolo de esta ciudad, capital del Rajastán.
Mención especial en el recorrido merece Agra y sobre todo el Taj Mahal. Este palacio ya de por sí es una excelente excusa para visitar la India. Recorrer el Taj Mahal al amanecer, al atardecer o en cualquier otro momento del día es una experiencia difícil de olvidar.
Y del Rajastán, pasamos a Uttar Pradesh y más en concreto a Khajurajo, una pequeña ciudad con unos templos milenarios en los que destacan las esculturas mostrando posturas con las que se enseñaba y se iniciaba a los jóvenes en el sexo.
El broche final del viaje fue Vanarassi, una lugar excepcional y mágico en el que descubres la importancia del río Ganges en la vida de los indios. Vanarasi también te sirve para respetar el hinduismo, una religión complicada que predica que si una persona india es incinerada al lado del Ganges y sus cenizas se vierten en este río directamente pasa al nirvana sin tener que pasar por el samsara o las reencarnaciones.
En resumen, India es un destino increíble, un país lleno de contrastes, de olores, sabores, colores... Sin duda, debería ser un lugar de peregrinaje vital, una cita imprescindible para comprender lo afortunados que somos. En definitiva, un país que nos enseña que se puede ser feliz con muy poco. |