Al día siguiente de bikaner y del increible templo de karni mata, nos dirigimos a jaisalmer. Jaisalmer era una ciudad muy importante, puesto que estaba en mitad de una de las principales rutas entre pakistán e india.
Sin embargo, tras el resurgimiento de Bombay como principal puerto y principal actor comercial, jaisalmer quedo relegado a un segundo plano. No obstante, jaisalmer es una ciudad pequeña -58.000 habitantes- pero en ebullición.
Entre otras cosas por el incipiente turismo, atraído por el color dorado de la ciudad y el desierto del thar en rajhastan. Para visitar jaisalmer con tranquilidad es mejor dedicarle dos días, puesto que se tarda cerca de cinco o seis horas en coche desde bikaner.
Una vez ya en jaisalmer, nos alojamos en el fort rajwada, un lujoso complejo a dos kilómetros de la ciudad. Tras un pequeño descanso nuestra primera visita fue gadi sagar.
Se trata de un estanque, que en su día fue un gran depósito de agua para la ciudad, y que ahora sólo es un lago, prácticamente seco en verano, con un olor muy desagrable y con decenas de niños que juegan con sus palos a matar los enormes y peces de la zona. Este estanque está rodeado por numerosos templos y santuarios.
El más atractivo de todos ellos era tilon-ki-pol, que según cuentan fue construido y subvencionado por una prostituta con la oposición del marajá. Para lograrlo esperó a que este se fuera de viaje y lo coronó con un templo en honor a krisna, impidiendo así que lo derribaran.
Tras la experiencia en el gadi sagar, nuestro guía nos llevó a uno de los puntos más altos de jaisalmer para tener una buena panorámica de la ciudad. Al día siguiente, realizamos un tour por el sitio más mágico de jaisalmer, el fuerte. En nuestra visita nos acompañó una vez más nuestro guía, que se conocía a la perfección la multitud de callejuelas estrechas, puesto que es uno de los privilegiados 4.000 habitantes que viven en el fuerte.
Hablando con él además descubres cosas increíbles como que por ejemplo en jaisalmer los hombres y las mujeres nunca pueden comer juntos en toda su vida. No obstante y volviendo una vez más al paseo por el fuerte lo más llamativo es perderse por las miles de callejuelas, para conocer cómo viven en el fuerte... Eso sí la visita no deja de ser angustiosa en todo momento, porque siempre estás rodeado de alguien que pide limosna, de vacas y toros, tuc-tuc o autoricksaws así como un largo etcétera...
Una vez pasadas tres o cuatro puertas principales se llega al gran patio, donde está el palacio del marajá. Junto a él nuestra visita al fuerte continuó por diferentes templos hindúes, jainies y havelis o pequeños palacios que forman parte del patrimonio. A nosotros nos gustaron especialmente los templos jainies, que se les diferencia puesto que parecen a los castillos que hacen los niños en la playa con agua y barro.
En estos templos además son tan escrupulosos con las normas que no sólo hay que entrar descalzo, sino que además hay carteles que indican que las mujeres que en ese momento tengan la regla, se abstengan de entrar. Durante la trayectoria por el fuerte se puede ver al dios elefante -llamado Ganesh- pintado en las paredes de las casas. A Ganesh, que es vigilado por una rata, los ponen como señal de bienvenida y como símbolo de protección para todas las personas y también para los matrimonios, que piden felicidad, escribiendo su nombre dentro...
Otra de las grandes razones para visitar jaisalmer es porque es una de las ciudades más cercanas al desierto del thar en rajastán... De hecho, el principio del desierto tan sólo se encuentra a 40 kilómetros al sur... Esto hace que jaisalmer sea una ciudad muy calurosa -en julio tuvimos cerca de 42 grados y es fácil alcanzar los 47-. Esta cercanía también permite realizar un paseo o safari a camello por las dunas del del thar para ver el atardecer, una experiencia inolvidable.
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