Tras la visita a Jodhpur, nos fuimos hacia el interior del Rajastán a una de las ciudades más bonitas de la India: Udaipur. La llaman la Venecia de Oriente. Eso sí, no sin antes, hacer una parada en Ranakpur, donde visitamos uno de los templos jainistas más bellos del mundo y a nosotros nos pareció uno de los más bellos de la India. Los alrededores, a la vez, no tenían desperdicio.
A su alrededor, se encuentra también una de las reservas y montañas con selva más espesas del país, donde habitan tigres, muchos de los cuales nos aseguran que salen a cazar de noche. Ranakpur está a 90 kilómetros al norte de Udaipur. El templo de Ranakpur es impresionante.
Nos llamó mucho la atención su profusión en símbolos del hinduísmo: Ganesh en su máximo esplendor, su perfecta simetría. Construida con 29 salas y 1444 pilares nada más y nada menos y todos distintos. Es una de las más bonitas de todo Rajastán y uno de los más importantes templos jainistas del país. El templo principal es el Chaumukha Mandir (templo de las cuatro caras) contruido en honor a Adinath. El complejo alberga además otros dos templos jainíes dedicados a Neminath y Parasnath así como el templo del sol.
Y tras Ranakpur, llegamos a Udaipur. El viaje para llegar a Udaipur se hace bastante largo -en torno a 300 kilómetros o seis horas-. De ahí que la tarde la dedicáramos a descansar en el hotel Swaroop Vilas, un lugar algo apartado del centro de Udaipur, pero con calidad razonable y buena limpieza...
Ya descansados por la mañana comenzamos nuestra visita a Udaipur guiados por Vikram Singh Ranawat, un guía profesional y con un buen español. Udaipur es famosa por sus tres lagos, entre los que destaca el Pichola. No obstante, en épocas de sequía estos lagos se secan, impidiendo así realizar paseos en barca.
Junto a los lagos otros puntos de interés son los numerosos palacios, muchos de ellos reconvertidos en hoteles. Este es el caso, por ejemplo, del Lake Palace Hotel, de la cadena de lujo Taj, con precios que en temporada alta y sin crisis pueden rondar los 1.000 euros por noche...
Lo que demuestra una vez más las dos caras diferentes de la India, una india pobre en la que los niños desnutridos juegan desnudos por la calle y una india del lujo más desorbitado. Subiendo por la carretera que rodea el lago pichola, se llega al palacio de la ciudad, un precioso complejo utilizado en el rodaje de la película Octopussy, de James Bond. Se trata del palacio más grande del Rajastán. Este palacio fue construido por un maharaja -marajá en español-.
El marajá es un señor de negocios, con título nobiliario que pasa a sus hijos y sin poder político... En la actualidad hay muchos marajás en toda la india... No obstante, estos marajás se ven obligados a convertir los palacios en hoteles para seguir manteniendo su alto nivel de vida.
Para saber si el marajá de udaipur está en palacio hay que buscar la fuente. Si funciona, es que está dentro, si está apagada, el marajá no está en palacio.
Saliendo del palacio y de los edificios del gobierno nos encontramos con el templo de Jagdish -conviene recordar que en los templos hay que entrar descalzo-.
Este templo es muy importante para comprender la simbología de la cruz esvástica en la india, una cruz en la que el número cuatro cobra mucha importancia. Por ejemplo los cuatro lados de la cruz hacen referencia a las cuatro etapas de la vida: de 0 a 25 años el niño crece, juega, va la escuela, de 25 a 50 el adulto trabaja y tiene familia, de 50 a 75 cuida de sus padres y desde los 75 y hasta su muerte se jubila de todas las responsabilidades.
Este templo también es necesario para comprender el hinduismo, el camino de la vida. Y es que para los hinduistas la muerte no tiene el significado trágico que nosotros le damos, sino que tras la muerte viene la reencarnación y para reencarnarse en algo bueno, hay que tener un buen karma y para lograr un buen karma hay que hacer el bien. Por ello en el templo aparece una primera reencarnación en el mal, una segunda y tercera reencarnación en animales, después la flor de loto y por último el nirvana.
Para terminar la visita a Udaipur recorrimos el mercado local, un mercado lleno de colores en el que los campesinos llevan sus frutas y verduras, así como otros alimentos como azucar, arroz, etc.
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