Para llegar a nuestro último destino, la milenaria ciudad de Varanasi o Benarés, cogimos un avión desde Khajuraho donde nuestro viaje tocaba a su fin. La verdad es que se trata de uno de los lugares más espirituales de India.
En ella, transcurren tantos acontecimientos juntos… Se trata de uno de los lugares de peregrinación más importantes del país y de todo el hinduismo donde cientos de personas lavan en el río Ganges sus pecados de toda la vida y también incinerar a sus seres queridos. En esta ciudad se dice que se obtiene la moksa o la liberación del ciclo de reencarnaciones del hinduismo.
La vida en esta ciudad transcurre en los ghats o centros espirituales a la orilla del río Ganges. Primero nos encontramos con el guía, quien nos llevó a ver las ceremonias en honor a Siva, dios hindú al que se venera en toda la ciudad. Tuvo lugar en el ghat Dasaswameth.
Y fue todo un despliegue de medios. Cerca de siete jóvenes vestidos de naranja entonaban mantras frente al río Ganges en este ghat y alrededor suyo, estaban numerosas personas en el río subidas a pequeños botes de madera en el que ponían lámparas para realizar sus ofrendas.
Al otro lado y en el ghat, estábamos Jose y yo, con una expectación increíble ante la ceremonia que se celebra todas las tardes ganga aarti llena de colores, música, incienso, luces y gente por todas partes.
Después, nos fuimos al hotel a cenar ya que al día siguiente (nuestro último día en India) ibamos a levantarnos a las cuatro de la madrugada para ver el amanecer en el río sagrado: el Ganges.
A la mañana siguiente, el guía vino a buscarnos al hotel y nos llevó a dar un paseo en bote por los ghats más importantes que confluyen en el Ganges. Hay como cerca de 80 ghats en la ribera del río pero fuimos parando en los más importantes como el Assi Ghat, Raj Ghat, Dasaswamedh Ghat o Harishchandra Ghat, lugares donde confluye la vida y la muerte. Pudimos ver cómo se sumergían en las aguas del Ganges niños, jóvenes, y mayores y las ceremonias de incineración y abluciones rituales.
Tras hacernos muchísimas fotos… hicimos una última parada en Sarnath, a 10 kilómetros de Benarés para predicar su mensaje como vía al nirvana después de alcanzar la iluminación en Bodhgaya.
Hay un templo con imágenes que no tienen desperdicio y que merecen la pena verse de todas las edades de Buda. Y actualmente se ha convertido en uno de los cuatro lugares fundamentales del circuito budista y atrae a seguidores y peregrinos budistas de todo el mundo. Se respira aquí una atmósfera especial, sobre todo debajo del ficus benjamina donde Buda alcanzó la iluminación, donde nos hicimos unas fotos.
Tras esta visita imprescindible, llegó el momento de despedirnos de esta travesía a la India que nos ha dejado boquiabiertos en todos los sentidos. Desde Varanasi, teníamos el vuelo a Delhi donde finalizaba nuestro viaje a este país espectacular en muchos sentidos. Todas las cosas que ves allí, todas las experiencias, la forma en que te miran, sus colores, su ritmo, sus gentes sorprendentes… pervivivirán siempre en nuestra memoria. Mubarak! Sucriyaa!!!
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