Para quien todavía no lo sepa Hiroshima
es una de las ciudades más acogedoras de todo Japón.
Cuando llegamos nos sorprendió todo, hasta el más
mínimo detalle.
Nos dejó un poco 'tocados' la visita
al museo de la bomba atómica, el parque conmemorativo
de la paz y la cúpula de la bomba atómica.
En todos ellos te das cuenta de las atrocidades y el sinsentido
de todas las guerras del mundo. En esta ciudad pudimos contemplar
cómo los efectos de una bomba atómica pueden ser devastadores.
Pese a todo, y con ello, sus habitantes conviven en paz y siguen
hacia delante mirando hacia el futuro y recuperándose poco
a poco. Mientras caminas por Hiroshima se te vienen a la cabeza
interrogantes como: ¿Cuántos miles de seres humanos,
entre ellos niños, mueren por las guerras? ¿Cuántos
'hibakusa' -japoneses que sufrieron los efectos de la bomba atómica-
sobrevivieron a una tragedia de tales magnitudes?
Nos quedamos pensativos fijando nuestra mirada
en la llama de la paz del parque conmemorativo de la paz, una
llama que seguirá encendida hasta que la última arma
nuclear del planeta sea destruida.
Nos quedamos emocionados en el monumento
de la paz de los niños, inspirado por la pequeña
Sadako Sasaki, víctima de leucemia
con 10 años. Esta niña japonesa decidió
hacer mil grullas de papel, un ave convertido en símbolo
de la longevidad y felicidad en Japón, con el firme deseo
de recuperarse si lograba su objetivo.
Falleció antes de alcanzarlo,
pero sus compañeros de clase acabaron el resto y de ahí
que Hiroshima y todo el país hagan grullas de papel
y el viajero pueda contemplarlas en todas partes.
En definitiva, Hiroshima nos dejó
atónitos por todo, por la paz que se respira allí
y por sus gentes tan cercanas y entrañables. ¡Dewa
Mata Hiroshima, Hasta luego Hiroshima!
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