A pesar de no ser una gran conocida, Nara
debería ser una visita imprescindible para comprender una
vez más los orígenes de Japón. De hecho, esta
ciudad fue durante el período Nara (del 710 al 784) la capital
de Japón, antes incluso que Kioto. Y precisamente
en este tiempo en el que fue la capital de Japón fue cuando
se construyeron la mayoría de sus templos.
Junto a los templos otra de las maravillas
de Nara son sus ciervos. Centenares de ciervos conviven
entre los templos, los turistas y las gentes de esta bella ciudad.
Si ya de por sí es muy bonito acudir a uno de los templos
de Nara, cuando se mezclan los ciervos en el paisaje con los templos
al fondo la sensación es indescriptible.
Dicen que el origen de los ciervos es porque en la época
en la que Nara era la capital de Japón, éstos servían
para llevar el correo, como si de mensajeros de los dioses se tratara.
Hoy en día, los ciervos conviven pacíficamente con
los turistas, quienes les suelen alimentar con unas galletitas de
ciervos que venden por la zona.
En cuanto a los templos, uno de los más
bonitos es Todai-ji. Se trata de uno de los templos
de madera más grandes y preciosos de todo Japón. Además,
en su interior esconde una estatua gigante del Gran Buda,
al que también se le llama Buda Vairocana o Buda Dainichi.
Además, dentro del templo existe una
columna con un pequeño hueco. Pues bien, la leyenda dice
que si eres capaz de atraversar la columna sin quedarte atrapado
alcanzarás la iluminación. Ni que decir tiene que
ni siquiera lo llegamos a intentar, pues por ella sólo podían
caber niños.
Otros templos que merece la pena visitar
en Nara son Kofuku-ji con una pagoda de cinco pisos
y Horyu-ji. Sin duda una visita muy recomendable
por los increíbles ciervos y los templos y por su cercanía
a Kioto puesto que sólo está a una hora de tren de
la ciudad de los mil templos.
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